agosto 17, 2026
Cuando la tierra tiembla, también se hacen visibles las desigualdades y aquello que nos sostiene
Desde la Casa de la Mujer queremos compartir estas reflexiones a propósito del terremoto del 10 de agosto y expresar, una vez más, nuestra solidaridad con todas las personas, familias y comunidades afectadas por esta tragedia.
Un terremoto puede durar apenas unos segundos, pero sus efectos permanecen mucho más tiempo. El dolor por la pérdida de seres queridos, de las viviendas, los enseres y los proyectos de vida requiere tiempo, cuidado y acompañamiento. Y también exige una respuesta oportuna, integral y sostenida del Estado que permita a las comunidades recuperar sus condiciones de vida y avanzar hacia una vida digna.
Esta tragedia vuelve a poner frente a nuestros ojos las profundas desigualdades que atraviesan el país. No todas las personas ni todos los territorios enfrentan un desastre desde las mismas condiciones. Allí donde existen pobreza, abandono histórico, precariedad de las viviendas, dificultades de acceso y débil presencia estatal, una emergencia se suma a otras tragedias que ya estaban allí. Chocó y Buenaventura son ejemplos dolorosos de estas desigualdades estructurales.
Pero el terremoto también ha hecho visible otra dimensión de nuestra vida en común: la solidaridad. Personas que buscan entre los escombros, que comparten alimentos, abren las puertas de sus casas, acompañan a quienes han perdido a sus seres queridos o ponen sus manos, su tiempo y sus capacidades al servicio de otras personas. En esos gestos aparece una idea sencilla pero poderosa: nos necesitamos.
Por eso, estas reflexiones también nos invitan a pensar en el cuidado, la cooperación y la reciprocidad como formas de construir sociedad. La emergencia nos recuerda que no somos vidas aisladas y que la interdependencia no es una debilidad, sino una condición de nuestra existencia.
Al mismo tiempo, nos preocupa que el sufrimiento de quienes lo han perdido casi todo sea utilizado para profundizar disputas políticas, alimentar odios o convertir la ayuda en un nuevo escenario de confrontación. Frente a una tragedia, la vida y las necesidades de las personas deberían estar por encima de cualquier cálculo político.
Quizás la pregunta que nos deja este terremoto no sea solamente cómo reconstruir las viviendas y los territorios afectados, sino qué queremos reconstruir como sociedad. Porque cuando la tierra tiembla quedan al descubierto las desigualdades, los abandonos y las ausencias, pero también los vínculos, la solidaridad y las formas de cuidado que sostienen la vida.
Compartimos este artículo como una invitación a conversar sobre todo aquello que esta tragedia nos muestra y, sobre todo, sobre lo que podemos aprender de ella para construir una sociedad en la que nadie tenga que atravesar el dolor en soledad.












