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mayo 15, 2026

La historia de las mujeres que abrieron una nueva etapa en la moda circular masiva en Colombia


Un desfile de prendas remanufacturadas en Bogotá Fashion Week y un pasaporte digital impulsan la sostenibilidad en la industria de la moda.

Esta historia nace con la idea de transformar el paradigma lineal de la moda: producir, usar, desechar. Y puede comenzar a contarse desde un pequeño taller de confección dentro de una casa en un barrio de los cerros surorientales de Bogotá. Su dueña es Margin Molina, una arquitecta venezolana que migró al país en 2019 tras comprobar que en el suyo ya no tenía opciones para sobrevivir. Usó la costura, el oficio que conoció a los 10 años con su abuela y una de sus tías, para conseguir empleo en un taller de confección de pijamas.

“En ese momento lo hacía por la necesidad de un trabajo, no porque me apasionara”, reconoce Molina, pero ese fue el comienzo del camino que hoy tiene sus creaciones en una pasarela de Bogotá Fashion Week. El trabajo en el taller se acabó con la pandemia de Covid-19, y ahí sacó su espíritu emprendedor y empezó a vender ropa interior infantil a través de Market Place. “Nunca me imaginé el nivel de ventas que iba a tener. Empecé con unas máquinas muy caseras y ese trabajo me permitió comprar unas industriales con mayor capacidad como las que tengo ahora”, recuerda la mujer.

Luego vinieron los cursos de emprendimiento con un programa llamado Empropaz, donde conoció la técnica de la remanufactura, las clases sobre los procesos de lavado, desarmado y cortado para fabricar bolsos y cartucheras con textiles reciclados. En otra formación llamada Tejiendo creatividad conoció al diseñador Alejandro Crocker, también venezolano, experto en moda sostenible, que desde hace años lidera junto a la Cooperación Alemana para el Desarrollo (GIZ) procesos formativos sobre remanufactura con mujeres confeccionistas y de coordinación para el suministro de dotaciones de este tipo a distintas empresas.

“Cuando llevo la confección a los bolsos y a la parte creativa, ahí es donde me empiezo a enamorar de la costura”, añade Molina. Y eso fue lo que sintió cuando empezó a trabajar con Crocker en distintos espacios e iniciativas de moda circular. Ahí nació Naiara, una marca de bolsos remanufacturados que acaba de marcar un hito en una de las principales plataformas de la moda en Colombia y la región. “Él nos lleva a ir más allá con nuestro trabajo, a darle valor a lo que construimos, a buscar contar historias a partir de ese material con el que trabajamos”, explica la mujer.

El diseñador, por su parte, dice que “transformar una prenda es conversar con su memoria, dejar que sus hilos cuenten otra historia y permitir que resurja con voz propia”. Su pasión por este enfoque está transformando la industria de la moda en Colombia. En el reciente Bogotá Fashion Week, Crocker presentó Transparencia, la primera colección de moda circular masiva realizada en Colombia. En el pequeño taller de Molina, una habitación de dos por tres metros con cinco máquinas de confección y una mesa de diseño, renacieron los 150 bolsos que hacen parte de esta iniciativa, inédita en la región.

El material de Transparencia proviene de telas y prendas que dormían en las bodegas de Gef, una de las empresas principales del sector en Colombia. Con la paciencia y la técnica de 18 mujeres como Molina, más el liderazgo creativo de Crocker, una tonelada de textiles en desuso se convirtió en una colección de 1.500 artículos compuesta por nueve referencias, siete de ellas elaboradas en denim: una bermuda, dos pantalones, una falda, una chaqueta y un totebag. La remanufactura pone en evidencia la experimentación con cortes, costuras y texturas que le dan a cada prenda una factura única; “precisamente, por esto la colección se llama Transparencia, porque cada prenda se deja ver con todos los detalles que su elaboración implicó”, explica Alejandro Crocker.

Tejer una alianza

El desfile en Bogotá Fashion Week es el resultado de un proceso que se ha tejido durante años y en el que ha sido fundamental el acompañamiento de entidades públicas e internacionales, como la Cooperación Alemana para el Desarrollo (GIZ). Desde 2023, esta agencia ha impulsado la remanufactura como una herramienta para transitar hacia un modelo circular en el sector textil, a través del apoyo a espacios formativos en los que han participado 140 mujeres confeccionistas, más de 75.000 kilos de textiles han sido reutilizados o remanufacturados y más de 60 empresas se han involucrado para encontrar maneras sostenibles de gestionar los textiles.

“Cifras de la ONU indican que en Colombia cada año se producen 178.000 toneladas de textiles, de los cuales el 98 por ciento termina en los vertederos”, explica Nadia Rojas, asesora de GIZ en economía circular. “La remanufactura ayuda a reducir esos impactos y permite dignificar el oficio de las mujeres que están detrás de cada colección. En GIZ nos sumamos a la colección Transparencia porque transformar ropa también es transformar vidas. A través de la creación de estas prendas, los colectivos de confeccionistas crean mejores condiciones de vida para sus familias”, complementa Rojas.

En el caso de Transparencia, este impacto se evidencia en otra innovación de la colección. Se trata del pasaporte digital, un código QR incluido en cada una de las piezas que permitirá al usuario llevar la historia de la prenda en sus manos, así como conocer los rostros de quienes elaboraron sus prendas y los beneficios ambientales de las mismas. También incluirá dónde reparar o vender sus prendas en mercados de segunda mano, o simplemente donarlas en la red de contenedores de Renovamoda cuando termine su uso. Este pasaporte será exigido desde el próximo año por la Unión Europea como parte de las medidas para alcanzar una economía circular hacia 2050.

Las cifras reportadas por la iniciativa indican que el proceso de remanufactura evitó el consumo de 2.120 metros cúbicos de agua (el promedio de lo que consume una persona en 44 años) y la emisión de 17,1 toneladas de CO2 a la atmósfera (equivalente a lo que pueden capturar 100 árboles durante 8 años). “Con la colección, las mujeres confeccionistas crean un nuevo oficio, la remanufactura como una opción económica viable para sus emprendimientos”, afirma Rojas.

Eso es lo que piensa Dariana Cadena, barranquillera, con raíces venezolanas y herencia en la costura por su madre, María, con quien fabricaron 350 piezas para la colección, entre pantalones y faldas. “Fue un trabajo duro, pero nos demostró que sí somos capaces de hacer remanufactura a otra escala”, afirma. A la técnica que ha aprendido desde la niñez, cuando tenían una exitosa fábrica de camisas tipo pescador en Venezuela, Dariana le ha sumado la creatividad y la estructura del estudio en diseño de modas en la escuela Arturo Tejada de Bogotá, a donde regresaron hace 10 años para montar el taller Ecoddamar.

“En la carrera me enteré de que la moda es el segundo sector más contaminante del mundo, pero también conocí la remanufactura como una alternativa real para crear ropa de otra manera y poder vivir de eso”, dice Cadena, en su taller con 10 máquinas de confección y tanque de lavado con agua lluvia reciclada en una casa del centro de Bogotá. “Aquí hemos creado prendas que han llegado a la boutique Concept Store de Pilar Castaño, un vestido remanufacturado que la periodista Mónica Martínez vistió en los Latin Grammys y dos chaquetas para el cantante Féizar Orjuela, «El Heredero». Son pequeños pasos que nos han llevado participar en esta colección que es de otro nivel”, añade.

Molina coincide con ese optimismo. “La remanufactura ha cambiado mi vida. Siento que cada bolso que hago cuenta una historia, y además me siento parte de una comunidad con las demás personas que trabajan en esto”, afirma. “En esta colección tuvimos muchos retos para responder a las demandas de cantidad y calidad de una producción masiva como esta. Pero lo logramos y sin duda entramos a una nueva era de la confección”, concluye.
FUENTE: EL TIEMPO


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