septiembre 1, 2026
Las niñas en Colombia sufren

Hay frases usadas hasta el cansancio que pueden resultar pesadas, pero es imposible con el ambiente político actual no recordar aquella frase de Simone de Beauvoir cuyo eco nos persigue por estos días: “no olvidéis jamás que bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados”.
Y es que leer que desde el nuevo gobierno se pretende borrar la palabra niña, para reemplazarla por “niñez” parece distopía, e inclusive sin exagerar el inicio del régimen de Gilead del Cuento de la Criada.
No es algo menor, ni mucho menos algo que no “afecta a nadie” el hecho de que la directora del ICBF María Carolina Restrepo quiera excluir la palabra niñas y niños por “niñez”.
Aunque fueron innumerables las advertencias que se hicieron sobre el riesgo inminente que tendría el gobierno de Abelardo con los ya adquiridos derechos de las mujeres y las minorías, pocas podíamos preveer que la tal llamada guerra cultural, iniciara tan de frente.
Eliminar, suprimir, y limitar la palabra “niña” de las comunicaciones del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, es gravísimo, partiendo en principio, del hecho de que lo que no se nombra sencillamente no existe.
Pero, todo esto, me hace preguntar, ¿por qué el gobierno de De La Espriella quiere desnombrar a las niñas? A caso se le olvida al presidente y a sus demás funcionarios que las niñas en Colombia sufren, que sus cuerpos son ultrajados y violentados con una alta impunidad: según datos de Bienestar Familiar la violencia sexual es la mayor causa de ingreso de reestablecimiento de derechos, entre 2019 y 2025 se presentaron 97.494 ingresos por esta causa y el 85,7 % de las víctimas fueron las niñas y adolescentes mujeres.
Las niñas son precisamente las que no están seguras ni en el colegio, ni en la escuela, o el jardín, ¿o es que los nombres de Valeria Afanador, Sara Sofía y Yuliana Samboní, ya no le dicen nada a estos gobernantes?
Porque estas tres niñas, nunca deberán ser olvidadas, pues sus historias retraran eso que ahora se empecinan en borrar: el machismo estructural, el descuido del Estado con las niñas, el abandono a las menores en el país.
Quiero recordar también que en Colombia y muchas otras partes del mundo son las niñas a las que se les imponen tareas del hogar que no les corresponde, como cuidar a sus hermanos menores, lavar, planchar, cocinar, trabajar forzadamente, así como son las niñas las que deben crecer en medio de marcadas ausencias paternas, de acuerdo a la Encuesta Nacional de Calidad de Vida de 2025 del DANE, el 46,4% de los hogares tienen jefatura femenina, mientras que el 69% de las mujeres cabeza de hogar no vive con una pareja.
Y por si no fuera poco son las niñas las que deben crecer enfrentando presiones externas, estéticas y físicas basadas en roles de género replicadas bajo un sistema que poca atención le presta a sus necesidades, eso por no hablar de la explotación sexual comercial de la que muchas han sido víctimas.
Por esto, y muchas razones más, las niñas merecen ser nombradas hoy más que nunca, hoy más que siempre, no hacerlo es adentrarnos en una época medieval, en una caverna sin salida, contrario a estar encerrados en discusiones anti derechos que afectan la dignidad humana, lo que se debería pensar desde el Estado, y el gobierno es cómo garantizar un mayor bienestar para las niñas, los niños, y adolescentes en Colombia y por supuesto cómo protegerlos aún más.
FUENTE: AL PONIENTE












