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julio 9, 2026

Así se formaron en derechos humanos comunidades vulnerables de los Montes de María: proyecto ha devuelto dignidad y voz a las mujeres


La estrategia focalizó sus esfuerzos en los municipios bolivarenses de María La Baja, Mahates y San Juan Nepomuceno.

Un proyecto de dos años logró que 641 personas de María La Baja, Mahates y San Juan Nepomuceno se formaran en derechos humanos.

Con la consolidación de los centros de escucha ‘Comadreando entre Mujeres’ y una participación histórica de hombres en talleres de nuevas masculinidades, la subregión caribeña siembra entornos seguros lejos de la violencia de género.

Durante décadas, en las estribaciones de los Montes de María, el dolor provocado por las violencias basadas en género (VBG) se llevó bajo un manto de profundo y espeso silencio. 

La prevención de las violencias basadas en género requiere un compromiso colectivo. Los resultados demuestran que cuando mujeres, hombres, comunidades e instituciones trabajan de manera articulada es posible generar transformaciones sostenibles que fortalecen la paz y la garantía de derechos en los territorios

En una subregión históricamente golpeada por los actores del conflicto armado, el desplazamiento forzado y una marcada precariedad en el acceso a la justicia institucional, cientos de mujeres y niñas naturalizaron el maltrato en sus hogares por no contar con redes de apoyo ni conocer los canales oficiales de denuncia.

Esa realidad estructural comenzó a transformarse de raíz. En el marco del encuentro regional ‘Tejiendo Paz y Derechos en Montes de María’, la organización Ayuda en Acción Colombia presentó los resultados de la segunda fase de su proyecto bandera enfocado en promover los Derechos Humanos y la Cultura de Paz.

La iniciativa, implementada de manera continua entre 2024 y 2026, impactó directamente las dinámicas comunitarias de tres municipios clave del norte de Bolívar: María La Baja, Mahates y San Juan Nepomuceno.

El programa se consolidó gracias a una alianza estratégica con la Corporación de Desarrollo Solidario (CDS) y la Red de Mujeres Rurales del Norte de Bolívar, contando con el respaldo financiero y técnico de la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AACID) de la Junta de Andalucía.

‘Comadreando entre Mujeres’

La estrategia central para fracturar el aislamiento de las víctimas fue la creación y puesta en marcha de los Centros de Escucha denominados «Comadreando entre Mujeres». Estos espacios sirvieron como santuarios de confianza, soporte emocional y asesoría psicojurídica para más de 200 lideresas de la subregión.

Para Julieth Ospino, referente comunitario del municipio de Mahates, el valor del proyecto radica en haber devuelto la dignidad y la voz a quienes se creían desamparadas.

“En nuestras comunidades hay mujeres que durante años guardaron silencio porque pensaban que lo que vivían era normal o porque no sabían dónde buscar ayuda. Los Centros de Escucha les brindaron un espacio de confianza para expresar lo que sentían, conocer sus derechos y encontrar una red de apoyo que les permitió comprender que no estaban solas frente a la violencia”, relata Ospino.

La metodología del proyecto combinó la teoría con el arraigo territorial mediante diplomados, escuelas itinerantes y rigurosos ejercicios de mapeo de riesgos comunitarios. Gracias a esto, figuras como Marlidez Belén Agámez López han emergido como nuevos referentes en la defensa de los derechos humanos en el territorio, replicando las rutas de atención y activando alertas tempranas en las zonas rurales dispersas.

El compromiso de los hombres

La gran sorpresa y uno de los hitos más significativos de esta intervención bienal fue el comportamiento de la población masculina. Rompiendo con los esquemas de resistencia tradicionales de la cultura patriarcal rural, la participación de los hombres en los talleres de ‘nuevas masculinidades’ superó con creces todas las metas de asistencia estimadas por las organizaciones aliadas.

En total, 186 hombres del territorio —en su mayoría campesinos y líderes comunitarios— se sentaron de manera voluntaria en las aulas para desmontar estereotipos, cuestionar los roles de dominación impuestos históricamente y aprender a tramitar sus conflictos sin recurrir a la fuerza física o psicológica.

Un ejemplo de esta deconstrucción es Eider Enrique Vega Torres, un reconocido líder campesino del municipio de María La Baja, quien describe el proceso como un despertar personal y familiar: “Yo crecí pensando que las mujeres estaban para obedecer y quedarse en la casa. Este proceso me hizo entender que los hombres también tenemos la responsabilidad de respetar, acompañar y defender sus derechos. Ese cambio empezó en mí y hoy quiero compartirlo con otros hombres de mi comunidad”.

Hacia una política pública local

El proyecto de intervención social y de derechos humanos implementado en la subregión de los Montes de María entre los años 2024 y 2026 consolidó un importante balance de impacto comunitario, logrando que un total de 641 personas se integraran formalmente a sus diferentes procesos de formación.

La estrategia focalizó sus esfuerzos en los municipios bolivarenses de María La Baja, Mahates y San Juan Nepomuceno, logrando una participación por género que incluyó a 455 mujeres rurales y a 186 hombres campesinos de la zona.

Para alcanzar estos resultados, el modelo de trabajo articuló cuatro componentes clave orientados a la transformación social del territorio: la puesta en marcha de escuelas itinerantes, la realización de ejercicios de mapeo de riesgos, la apertura de centros de escucha y el desarrollo de talleres enfocados en las nuevas masculinidades.

El impacto de este despliegue no se limitó de forma exclusiva al plano comunitario. Conscientes de que las transformaciones sociales requieren de la estructura estatal para ser sostenibles, el proyecto lideró mesas de asistencia técnica con las alcaldías locales y funcionarios públicos encargados de recibir las denuncias (comisarías de familia, inspectores de policía y personal de salud). 

El objetivo central apuntó a erradicar la revictimización institucional y agilizar la activación de los protocolos de protección de emergencia.

Diana Quimbay, directora país de Ayuda en Acción Colombia, enfatizó durante el cierre de la jornada que el éxito de la estrategia radica en el enfoque de corresponsabilidad. «La prevención de las violencias basadas en género requiere un compromiso colectivo. Los resultados demuestran que cuando mujeres, hombres, comunidades e instituciones trabajan de manera articulada es posible generar transformaciones sostenibles que fortalecen la paz y la garantía de derechos en los territorios», puntualizó.

Al concluir formalmente esta fase, la iniciativa deja un legado invaluable en los Montes de María: metodologías pedagógicas adaptadas al contexto rural, redes de lideresas articuladas y una cartilla de herramientas que servirá como insumo técnico para que los mandatarios locales diseñen sus próximas políticas públicas de género.

En una tierra que conoce de memoria los rigores de la guerra, estas comunidades han demostrado que la paz estable se construye, antes que nada, garantizando la seguridad y la vida dentro del propio hogar.

FUENTE: EL TIEMPO


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