mayo 7, 2026
Las industrias que mueven a Colombia aún no tienen cara de mujer
En esta columna, la autora reflexiona sobre los desafíos de liderar en sectores técnicos históricamente masculinizados y plantea la urgencia de incorporar más mujeres en industrias clave para la competitividad del país.
Hay sectores en Colombia que mueven millones, protegen vidas y sostienen la infraestructura del país, pero que casi nadie asocia con una mujer al mando. La industria técnica —construcción, fluidos, protección contra incendios— es uno de ellos. Y yo estoy justo en el centro de ese mundo.
Crecí entre tuberías, especificaciones técnicas y conversaciones de obra. Fluidpack lleva más de 40 años en la industria: es una empresa de familia, y esa familia se atrevió a construir algo que perdura. Hoy sigo trabajando con quienes la fundaron, porque aquí el legado no se vende: se hereda, se transforma y se hace crecer. Eso me formó. También me hizo entender que, en un sector que no te espera, la única forma de sostenerse es llegar más preparada, más estratégica y más decidida que cualquiera.
Pero no me quedé ahí. Con IQD desarrollamos la línea Fire Sprinkler Center, especializada en sistemas de protección contra incendios para todo tipo de industrias. ¿Por qué? Porque vi algo que muchos ignoraban: en Colombia, las empresas no le temen al fuego hasta que lo tienen encima. Y cuando eso ocurre, pierden equipos, pierden tiempo, pierden vidas. Mi trabajo es que eso no pase; que las operaciones no se detengan; que la infraestructura que mueve a este país esté protegida.
Mi mayor reto no fue el mercado ni la competencia. Fue interno: no haber lanzado IQD antes. Esa empresa que hoy protege industrias enteras la construí junto a mi esposo, con convicción y con el peso de saber que llegamos tarde a una oportunidad que ya habíamos identificado. Pero llegamos. Y eso es lo que importa. Porque el momento perfecto no existe, y esperar a que todo esté listo es, muchas veces, la forma más elegante de no hacer nada.
Entonces, ¿cuál es el problema? Que cuando entro a una reunión técnica todavía hay miradas que dudan. Que cuando presento una propuesta de alto valor, la pregunta implícita sigue siendo: ¿y ella sabe de qué habla? Que el sector continúa operando con una lógica que excluye por defecto, no por política, sino por costumbre.
Y eso tiene un costo. No solo para nosotras, sino para todo el sector. Porque cuando se excluye talento por género, se pierden perspectivas, se pierde innovación y se pierde competitividad. Las industrias que no integran el liderazgo femenino no están siendo tradicionales: están quedándose atrás.
No escribo esto para pedir un lugar en la mesa. Ya estoy sentada. Lo escribo para decirles a quienes aún están afuera mirando que entrar a estos sectores no requiere permiso: requiere estrategia. Implica conocer el negocio mejor que nadie, hablar el idioma técnico con fluidez y tener claro que la credibilidad no se hereda: se construye, proyecto a proyecto, decisión a decisión.
Colombia necesita que más mujeres lideren en la industria, en la construcción, en la tecnología aplicada, en esos sectores que nadie glamouriza pero que todo el mundo necesita. No como cuota, sino como líderes reales: con visión estratégica, conocimiento técnico y la determinación de transformar industrias que llevan décadas funcionando de la misma manera.
Las industrias que mueven a Colombia no tienen cara de mujer. Todavía. Pero eso está cambiando. Y quienes lo estamos cambiando no lo hacemos pidiendo visibilidad: lo hacemos siendo tan buenas en lo que hacemos que ignorarnos ya no es una opción. A todas las que enfrentan puertas cerradas, procesos complejos e industrias que no las esperaban: sí se puede. Todo se puede. Lo difícil no es una razón para no intentarlo; es, precisamente, la razón para hacerlo.
FUENTE: SEMANA












