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mayo 4, 2026

Se busca premio Nobel para conseguir una subida salarial


“Solo son matemáticas”. Esta fue la respuesta que la economista Claudia Goldin dio al sindicato de las jugadoras de baloncesto de la NBA, quienes estaban frustradas ante los pretextos de la liga para evitar subir sus sueldos frente a la evidente revelación de que sus colegas hombres ganaban más dinero por el mismo trabajo. Goldin fue reconocida en 2023 con el Nobel de Economía por su estudio histórico de la brecha de género en el mercado laboral, es decir, logró comprobar que a través del tiempo las mujeres hemos padecido mayor discriminación en el trabajo que se refleja en salario y que, además, hacemos una serie de tareas en casa que son invisibilizadas por casi todo el mundo, pero que igualmente cuentan para el crecimiento de la economía.
Un año después de recibir el galardón en Oslo, Goldin, profesora en Harvard, recibió una oferta que no pudo rechazar: las jugadoras de la mayor liga de baloncesto en el mundo necesitaban su asesoría para conseguir que los directivos de la NBA les dieran un aumento. La economista se puso manos a la obra y logró, casi dos años después, que las jugadoras recibieran un aumento de casi un 400%. ¿Cómo lo hizo? Más allá de tratar de convencer a los directivos de que las jugadoras estaban siendo discriminadas, se enfocó en los números que demostraban el evidente rezago salarial en la liga de mujeres. Las cifras son indignantes.
Goldin argumentó que mientras los jugadores hombres ganaban sueldos en promedio de 12 millones de dólares, la mayoría de las jugadoras apenas lograban un salario promedio de 118.000 dólares. Eso significaba que la paga de las jugadoras era 80 veces menor que la de sus pares hombres. “Nada puede justificar esta extraordinaria brecha salarial”, escribió Goldin en una columna publicada en The New York Times. El baloncesto femenino se ha convertido en los últimos años en un deporte tan popular como la NBA clásica, que igualmente consigue abarrotar los estadios o asegurar contratos de transmisión y publicitarios millonarios. Esta observación fue clave para la defensa que Goldin hizo de las jugadoras.
La economista estadounidense demostró en su análisis que los ingresos por retransmisiones en televisión y plataformas de streaming eran igualmente generosos para la liga de los hombres como para la de las mujeres. Mientras las justificaciones de los directivos se enfocaron en señalar que la liga femenil tiene menos partidos que la varonil (y que por eso paga muchísimo menos), Goldin hizo los cálculos sobre los beneficios de la NBA por sus contratos de emisión para concluir que una jugadora de la NBA tendría que ganar, por lo menos, una cuarta parte de lo que un atleta hombre de la misma liga. El salario promedio de las jugadoras desde este año se ha elevado a 580.000 dólares. Además, el contrato de las jugadoras incluye ahora una cláusula que garantiza que en tres años podrán renegociar desde la perspectiva de los ingresos de la liga, lo que garantiza que lo hagan desde una posición más generosa.
La Nobel no cobró por la asesoría al sindicato de jugadoras y calificó el resultado como una de esas decisiones que empiezan a cambiar el status quo. Las ligas deportivas de mujeres en muchos rincones del mundo han cobrado una relevancia y popularidad récord que han obligado a los encargados de dirigirlas a reconsiderar la posición secundaria que las actividades deportivas femeninas han tenido en los últimos años. Existe resistencia al cambio, pero al mismo tiempo hay un interés por promover a las mujeres en un campo que históricamente había estado masculinizado. La estrategia de Goldin revela que ante los oídos sordos de la discriminación hacia las mujeres, es posible hacerse con otras herramientas que pongan en evidencia la desigualdad entre hombres y mujeres. 
CARING MEN¿Hubieran publicado los mismos libros de Heidegger, Marx y Hegel, si los tres hubieran dedicado más tiempo al cuidado de sus hijos?Camila osorio¿Hubieran publicado los mismos libros de Heidegger, Marx y Hegel si los tres hubieran dedicado más tiempo al cuidado de sus hijos? El pasado mes de marzo, un colectivo activista en Alemania decidió provocar esa pregunta con una intervención artística: disfrazó con bebés de juguete a varias de las estatuas de grandes líderes y pensadores de Europa. Aristóteles aparece cambiando un pañal, Goethe parece dar un discurso con un chiquitín apoyado en su cintura. Los héroes haciendo, siglos después de muertos, lo que no se exigió hacer en vida. 
Desde que soy madre de un niño pequeño, me espanta cada vez que recuerdo cómo Goldin probó que la igualdad de género laboral incrementa dramáticamente después del primer hijo: en gran parte porque muchas mujeres renuncian a sus carreras para dedicarse al cuidado del bebé, cuyo cuidado casi siempre recae en ellas. Tantos hombres que no renunciaron están ahí, en estatuas que decoran avenidas del mundo, mientras que las madres de sus hijos no aparecen en los libros de historia. 
Los hombres, dice la campaña alemana ‘Caring men’, inspirada en otra que arrancó el Austria hace un año, aún dedican menos horas al trabajo del cuidado que las mujeres, aún se benefician de políticas laborales que las discriminan a ellas, desde el sistema de pensiones al de licencias remuneradas. Quizás si hubieran distribuido más el tiempo del cuidado, más libros tendríamos de ellas. O quizás si no se valorara solo lo producido, sino lo cuidado, tendríamos más estatuas con bebés en manos. Al menos para recordar que a veces es más difícil entender por qué llora un niño en  mitad de la noche que escribir mil páginas sobre la modernidad.

FUENTE: EL PAIS


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