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abril 21, 2026

Un informe denuncia violencia estatal contra mujeres víctimas del conflicto en Colombia


Las mujeres víctimas del conflicto armado en Colombia han sufrido violencias estatales sistemáticas e históricamente invisibilizadas, incluidas aquellas cometidas por integrantes de la Fuerza Pública, y enfrentan una reparación insuficiente, según concluye el informe Y a nosotras, ¿quién nos va a reparar el alma? basado en el testimonio de 180 mujeres de los departamentos de Bolívar, Meta, Guaviare y Cauca.

El texto es resultado del proyecto Del silenciamiento a la dignificación: justicia y memoria para las mujeres víctimas, desarrollado por la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad (LIMPAL) y la Acción Colombiana de Objetoras y Objetores de Conciencia (ACOOC), con el apoyo del Fondo para la Consolidación de la Paz de Naciones Unidas y ONU Mujeres.

La investigación se enmarca en el subcaso 2 del Macrocaso 11 de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), que aborda las violencias basadas en género, las violencias sexuales y reproductivas y crímenes por prejuicio basado en la orientación sexual, la expresión y/o la identidad de género, incluidos los perpetrados por la Fuerza Pública.

«Si quienes tienen que cuidarnos no nos cuidan, ¿entonces quién?»

Según las organizaciones impulsoras, el proceso involucró a 180 mujeres de los departamentos de Bolívar, Meta, Guaviare y Cauca, que participaron en espacios de escucha, acompañamiento psicosocial y reconstrucción de memoria; y que señalan haber sido víctimas de violencias en contextos de presencia estatal y militarización de sus territorios.

Más allá de la documentación de hechos, el informe propone una lectura feminista y territorial del conflicto y subraya que las violencias no solo afectaron los cuerpos, sino que también fracturaron la vida comunitaria, erosionaron la confianza en el Estado y transformaron las dinámicas cotidianas en los territorios.

«Antes de sentirme segura, me sentía vulnerable… si quienes tienen que cuidarnos no nos cuidan, ¿entonces quién?«, afirma una mujer participante en Bolívar sobre la desconfianza en las instituciones.

Los testimonios evidencian cómo la violencia se integró en la vida cotidiana. «Las balas pasaban por la ventana… hay cosas que uno no le cuenta ni a sus hijos», relata una de las participantes en Meta.

Milipatriarcado en Colombia

Entre sus principales conclusiones, el documento señala que las agresiones contra mujeres no pueden entenderse como hechos individuales, sino como parte de patrones estructurales ligados a la militarización de los territorios y a lo que denomina un «milipatriarcado», donde confluyen lógicas de poder armado y dominación de género.

«Había muchas niñas, muchas jovencitas, que desafortunadamente eran vistas como una conquista más», señala una participante en Granada. Otra mujer añade: «Veíamos cómo se cambiaba toda la dinámica social y ya había repudio porque abusaban de las peladitas, las embarazaban.

El informe también advierte que estas violencias se produjeron en contextos donde el Estado, en lugar de garantizar protección, generó relaciones de poder desiguales que facilitaron abusos y silencios prolongados.

Reparación emocional, colectiva y territorial de las víctimas

El informe también documenta la persistencia de la impunidad y la insuficiencia de las medidas de reparación. En ese sentido, plantea que las respuestas institucionales han sido limitadas y que no han logrado abordar dimensiones clave como la reparación emocional, colectiva y territorial de las víctimas.

Frente a ello, propone ampliar el concepto de reparación para incluir procesos de cuidado, reconstrucción de redes comunitarias y reconocimiento del cuerpo como espacio de memoria y sanación.

En esa línea, destaca procesos desarrollados durante el proyecto, como espacios de cuidado, escucha y prácticas como el tejido, la música o la siembra simbólica, que permitieron a las mujeres reconstruir redes y resignificar sus experiencias.

Además, el documento subraya que las mujeres participantes no solo son víctimas, sino sujetas políticas con capacidad de incidencia.

«Son las mujeres quienes, al contar su historia, dan directrices para construir medidas de género que transformen estructuralmente un sistema donde lo femenino ha sido históricamente desvalorizado y silenciado«, ha afirmado la coordinadora del proyecto de Limpal, Carla Reyes, para quien «lograr una paz verdadera exige compromisos serios con la reparación y la no repetición».

A partir de sus experiencias, el informe plantea que la paz requiere transformaciones estructurales, incluyendo la revisión de la doctrina militar, garantías efectivas de no repetición y la incorporación de enfoques de género en las políticas públicas.

FUENTE: EFEMINISTA


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