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marzo 8, 2018

La cachetada de regalar una rosa hoy


La celebración del Día de la Mujer no es el momento para los discursos grandilocuentes y vacíos sobre la “feminidad” y la importancia que “ellas” ocupan en el mundo. A este 8 de marzo de 2018 llegamos con un feroz movimiento mundial, a través del cual las mujeres han denunciado que el acoso laboral debería ser un tema público, que es más común de lo que suele creerse, y que los hombres no han sabido reaccionar ante la incomodidad que les genera enfrentarse a esta realidad. Regalar flores cuando la contraparte está exigiendo mínimos de respeto y protecciones legales eficaces es una ofensa y no entender la connotación histórica del momento en que vivimos.

La avalancha de historias del #MeToo apuntan a eso: las mujeres no están dispuestas a tolerar ni un minuto más la complacencia de la sociedad con el acoso laboral. Por demasiados años los hombres que aprovechaban sus posiciones de poder para someter a sus empleadas fueron vistos como héroes. Las mujeres que se atrevían a denunciar eran tildadas de brujas mentirosas; interesadas en entorpecer el crecimiento de los “grandes” en las distintas industrias. El mensaje era claro en advertirles a todas las víctimas que su silencio era preferible, pues nadie les iba a creer.

Hemos sido aliados de los acosadores.

Incluso hoy, pese a la abundancia de relatos de mujeres contando cómo sus compañeros de trabajo y sus jefes las hacen sentir incómodas, las persiguen, las traumatizan y les coartan su desarrollo profesional, hay voces que se atreven a ridiculizar las denuncias.

¡Exageradas!, exclaman. Ya no se puede coquetear, se lamentan muchos hombres, y algunas mujeres son incapaces de desarrollar una pizca de empatía. No se percatan de que están uniéndose al coro que durante décadas ha convertido el “ambiente laboral” en sinónimo de “acoso y silencio”.

El Día de la Mujer buscó ser un reconocimiento histórico de todas las dificultades que las mujeres han enfrentado para entrar al mundo laboral. En 2016, según datos del Observatorio Laboral para la Educación, en Colombia el promedio del salario para los hombres recién graduados fue de $2’130.000 y de $1’877.000 para las mujeres. No sólo entran a espacios laborales hostiles y que no quieren escucharlas exigir sus derechos, sino que además entran a ganar menos dinero.

Cualquier homenaje que se realice hoy debería ser consciente de lo que está ocurriendo en todas partes. Las empresas deberían rendir cuentas sobre qué están haciendo para purgar el acoso, para asegurar que las mujeres reciban sueldos justos, para filtrar las relaciones tóxicas en el ambiente laboral, para evitar que los servicios que contratan para evaluar médicamente a sus candidatas les hagan pruebas de embarazo a las mujeres que estén aplicando para un puesto.

Regalar rosas (o serenatas o poemas o un largo etcétera) cuando las mujeres están pidiendo igualdad es una cachetada. Peor aún es no querer solucionar el problema y maquillarlo todo con el mismo discurso que lleva años silenciando a las víctimas: te valoramos como mujer, pero no lo suficiente para darte el respeto que mereces.

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a yosoyespectador@gmail.com.

FUENTE: EL ESPECTADOR


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