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septiembre 8, 2026

Envejecer en Colombia tiene nombre de mujer


El envejecimiento poblacional en Colombia golpea más a las mujeres, que viven más años pero llegan a la vejez con menos ahorros y semanas cotizadas por el cuidado no remunerado. Aunque reformas recientes empiezan a corregirlo, las mujeres deben actuar lo más pronto posible.

Mujeres, hablemos de la revolución que sí nos va a cambiar la vida.

Todos hablan de la inteligencia artificial como si fuera lo único capaz de cambiarnos la vida. Y sí, es una revolución real. Ya lo dijo Bill Gates en su último pronunciamiento sobre el avance de la IA y los riesgos para el empleo. Pero mientras el mundo entero tiene los ojos puestos en los algoritmos, hay otra transformación avanzando en silencio, sin paneles de expertos y probablemente igual de disruptiva: nos estamos volviendo una sociedad vieja. Y esa revolución, la del envejecimiento, tiene nombre y apellido de mujer.

Según cifras del DANE, en su más reciente Encuesta Nacional de Calidad de Vida, por primera vez en la historia de Colombia los mayores de 60 años superarán en número a los menores de 15 años. Dato que, según la entidad, se vuelve irreversible en el 2036. El país tiene hoy cerca de 7,6 millones de personas mayores de 60 años. Del total de la población colombiana, el 10,4 por ciento ya supera los 65 años, y esa proporción llegará al 18,5 por ciento en 2050. Una disrupción demográfica tan radical como la tecnológica, solo que no la vemos en titulares como innovación.

Y como toda transformación de fondo, esta también tiene un rostro. En Colombia ese rostro es de mujer.

La esperanza de vida femenina supera a la masculina en 5 años, aproximadamente. Vivimos más años que los hombres, sí, pero esa ventaja biológica se nos convierte en una condena económica. Porque envejecer mejor significa llegar a esos años con salud, ahorros y alguien al lado, y ahí es donde empieza el problema. Porque no es solo que vivamos más, es que cada vez somos menos las que venimos detrás para sostener a las que envejecen. El DANE ya lo advirtió, ese cruce entre más viejos y menos jóvenes se vuelve irreversible en 2036. Y cuando hay menos manos cotizando y menos red de cuidado disponible, la pregunta deja de ser cuántos años vamos a vivir y se convierte en quién va a estar ahí para sostenernos.

Porque la ventaja biológica de vivir años extra no sale gratis. A esto le sumamos tres desventajas que no perdonan: llegamos a la vejez con menos semanas cotizadas por la brecha laboral que arrastramos toda la vida con el trabajo de cuidado no remunerado; llegamos con diagnósticos tardíos porque nuestros síntomas se minimizan o se confunden con estrés, ansiedad o ‘gajes de la edad’ – te identificas, ¿cierto? -; y llegamos, además, sin haber podido ahorrar, porque fuimos nosotras quienes sostuvimos la casa, los hijos, los padres y ahora los nietos. Y esa carga no es una percepción personal, es un dato con nombre propio: según el DANE, el 46,4 por ciento de los hogares del país tienen jefatura femenina. Es decir, somos mayoría en Colombia, pero con una cifra que no es un logro, es la evidencia de que cuidamos a todos, menos a nosotras mismas.

Aquí me detengo para mencionar dos noticias que vale la pena reconocer. La reforma laboral, Ley 2466 de 2025, reconoce y remunera por primera vez el trabajo de cuidado que hacen las mujeres rurales y campesinas. Y en agosto del 2026, la Corte Constitucional avaló la reforma pensional que reduce progresivamente las semanas de cotización exigidas a las mujeres, de 1.300 a 1.250 en 2026, hasta llegar a 1.000 en 2036. Esto reconoce justamente lo que esta columna viene señalando: que nuestras trayectorias laborales se interrumpen por maternidad, cuidado no remunerado e informalidad, y que el sistema no puede seguir midiéndonos con la misma vara que a los hombres. Estos son pasos que, aunque no es la meta, avanzamos como sociedad.

Vuelvo, entonces, a donde empecé. Si al mundo le preocupa tanto la inteligencia artificial, una revolución que, aunque ya está instalada en nuestras vidas, apenas empieza a mostrar sus consecuencias, con mayor razón debería preocuparle esta otra revolución, que ya está aquí, que no tiene punto de retorno y que ya sabemos, con nombre y cifra, a quien le va a pasar la cuenta. Pero preocuparnos no puede ser la única opción. A nosotras nos toca, además, empezar a trabajar, informarnos sobre nuestro futuro pensional, cuidar nuestra salud antes que los síntomas se acumulen, y construir redes propias de apoyo con otras mujeres.

Por último, recordar que nadie va a resolver esto por nosotras. La política pública abre la puerta, pero el futuro en el que queremos envejecer también se construye desde ahora, con lo que nos dedicamos a hacer, con nuestro tiempo, cuerpo y dinero.

Jehymmys Sánchez Cala es abogada, especialista en pensiones y riesgos laborales, directora del área laboral y seguridad social – Correa de la Hoz y Co-founder MTM (Mujeres Transformando Mujeres)

FUENTE: SEMANA


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