marzo 11, 2026
Así ha cambiado la historia de las mujeres en Colombia: entrevista con María Himelda Ramírez

La historia de las mujeres en Colombia no puede entenderse desde una sola perspectiva. Mucho antes del derecho al voto, mujeres esclavizadas, obreras, maestras y activistas ya cuestionaban las desigualdades de género. En conversación con El Espectador, la historiadora María Himelda Ramírez revisa algunos de los momentos que marcaron ese camino.
Cada 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de las Mujeres, una fecha que recuerda las luchas históricas por la igualdad y el reconocimiento de derechos. En Colombia, ese proceso ha estado marcado por distintos momentos que una historiadora colombiana se ha encargado de rastrear a lo largo del tiempo: María Himelda Ramírez Rodríguez, profesora jubilada de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia e investigadora emérita del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación.
Además, Ramírez forma parte del grupo de investigación Mujeres y Sociedad, uno de los primeros espacios de investigación académica feminista que surgió en Colombia y que este año cumple cuatro décadas de trabajo. A través de sus investigaciones ha explorado el papel de las mujeres en la sociedad colombiana, no solo desde las corrientes del feminismo que han tenido mayor presencia en los relatos históricos. Su trabajo también ha puesto atención en las trayectorias de mujeres esclavizadas, indígenas y afrodescendientes que, aunque protagonizaron importantes avances, no siempre han sido ampliamente reconocidas.
Entre sus publicaciones se encuentran libros y artículos como “De la caridad barroca a la caridad ilustrada”, “Las mujeres en la construcción de la nación colombiana” y “Las mujeres y la acción social en Colombia”, entre otros trabajos dedicados a estudiar la historia de las mujeres, el género y la acción social en el país.
En esta conversación con El Espectador, la investigadora propone un recorrido por distintos momentos de la historia del país para comprender cómo se han configurado los avances históricos de las mujeres en materia de reconocimiento y de derechos.
Históricamente, ¿qué lugar han ocupado las mujeres en la sociedad colombiana?
Las mujeres, en la sociedad colombiana y en sus distintas etapas, así como en las sociedades patriarcales en general, han ocupado una posición secundaria.
La estructura patriarcal de la sociedad y de la familia implica considerar la diferencia entre los hombres y las mujeres como desigualdad. Es decir, asumir que, por ser diferentes a los hombres, las mujeres no pueden tener los mismos derechos. Ese ha sido uno de los sustentos de esta organización patriarcal, una idea que se ha prolongado a lo largo del tiempo, aunque durante el siglo XX empezó a debilitarse. Por supuesto, muy lentamente, pero se ha venido debilitando.
A lo largo de la historia de Colombia, las mujeres, al reconocer esas condiciones de desigualdad que justifican la sobreexplotación, e incluso la violencia y la exclusión, han ejercido distintas prácticas para resistirlas. Esto tiene que ver con la conciencia de las mujeres, con su organización, con su agencia y con su capacidad de interactuar en distintos escenarios para el logro de algunas reivindicaciones que se han configurado como de justicia social.
¿Qué antecedentes históricos se pueden encontrar en la lucha de las mujeres? ¿Cuáles fueron esos primeros pasos?
Toca remontarse a los contextos del régimen esclavista colonial de la Nueva Granada y al tránsito al régimen republicano en Colombia. Durante gran parte del régimen colonial, en la Nueva Granada —como se denominaba este territorio en el que habitamos hoy— la sociedad estaba dividida en clases sociales de manera radical.
Dentro del grupo de las mujeres, quienes principalmente sobrellevaban las peores condiciones de explotación y de violencia fueron las mujeres esclavizadas. Ellas asimilaron la categoría libertad como una aspiración al cambio de su existencia. Un discurso de libertad que circuló a lo largo de los tres siglos coloniales.
Dentro de las estrategias que utilizaron para resolver esa condición de esclavización y ganar la libertad, se destaca, por ejemplo, el ahorro para comprar la libertad de sus hijas e hijos, o la libertad propia, y en ocasiones la libertad de su cónyuge. También utilizaron otros mecanismos de resistencia, como la huida, incluso el suicidio. Está documentado también el desafortunado evento del sacrificio de sus propios hijos.
Es decir, las fuentes coloniales nos dan muchas referencias sobre esas aspiraciones a la libertad por parte de las mujeres esclavizadas. Y seguramente también de las indígenas, que en algunos lugares tenían mejores condiciones que las mujeres esclavizadas, aunque no en todos. Pero lo que quisiera especificar es que la Constitución de 1821, que fue la que creó la Gran Colombia, define la libertad de partos, consistente en el otorgamiento de la libertad a las hijas y a los hijos de las mujeres esclavizadas cuando ellas y ellos cumpliesen 18 años de edad. Este es un hito sumamente importante que en nuestra historia pasa desapercibido.
Si avanzamos hacia momentos más recientes de la historia del país, ¿qué hitos considera usted que han sido relevantes?
La reivindicación de los derechos de las mujeres se inscribe en un avance de la democracia que se da fundamentalmente a partir de la segunda mitad del siglo XX. Durante esa época fue muy importante la participación de mujeres letradas de élites urbanas y de familias terratenientes, quienes fueron ganando espacios para ejercer su derecho a la escritura, a la publicación de su pensamiento en la prensa, lo mismo que a creaciones literarias como la poesía, el cuento y la novela. Muchas veces estas creaciones implicaban autorreflexiones sobre esas condiciones de desigualdad y de exclusión.
Yo resaltaría una figura, por ejemplo, de finales del siglo XIX y comienzos del XX, como Soledad Acosta de Samper. Por otro lado, también el acceso de las mujeres a la educación, como normalistas fueron hitos fundamentales. Estamos hablando más que de hechos recientes. Yo quisiera inscribirlo en que los frutos de la modernidad en la sociedad colombiana, desde finales del siglo XIX, podemos relacionarlos fundamentalmente con una expansión discreta de la democracia.
¿Cómo se empezaron a traducir esas luchas en derechos concretos?
Dentro de esos derechos también resaltaría el papel de las mujeres en el movimiento obrero, porque allí, a partir de la industrialización, ellas reivindicaron la igualdad y el derecho al salario. En ese contexto destacaría una figura como Betsabé Espinal, quien se volvió legendaria por haber organizado la primera huelga de las trabajadoras de una fábrica textil en Bello, Antioquia, en febrero de 1920.
Y ya hacia los años treinta también fue muy importante el contexto de las reformas liberales, entre 1930 y 1946, que se concretó en varios derechos. Por ejemplo, la Ley 28 de 1932 sobre los derechos patrimoniales de las mujeres casadas. Para nosotras es normal hoy en día que podamos invertir nuestro salario o nuestros ingresos de acuerdo con nuestro criterio, pero hasta 1932 las mujeres casadas debían entregar su salario al esposo; la herencia la administraba él, y lo mismo ocurría con los demás ingresos.
Esto significó un cambio bastante contundente desde el punto de vista de los derechos económicos de las mujeres casadas. Tanto que algunas mujeres, unas figuras relativamente rebeldes, digámoslo así, preferían mantenerse solteras para conservar el derecho al manejo de su patrimonio, de su tiempo y de su vida. Y el derecho también a obtener un diploma de bachiller para el acceso a la educación universitaria fue clave en aquellos momentos de las reformas de 1936.
Entre los hechos recientes, ¿qué transformaciones destacaría?
Cuando se habla de sociedad contemporánea, hablamos también del derecho al voto, que fue producto de una larga movilización y de la agencia de las mujeres, sobre todo de las sufragistas. Las mujeres hicieron uso de ese derecho por primera vez en 1957, y fue un hito clave, fundamental del siglo XX.
Otra etapa se vive dentro de la modernización del país a partir de los años sesenta. En ese momento se dio el masivo acceso de las mujeres a la educación, lo que les permitió también un acceso creciente al desempeño de distintos cargos públicos, de representación y de actividades que antes no habían sido reconocidas como derechos para las mujeres. En ese sentido, los años sesenta fueron una década de una revolución cultural silenciosa, pero bastante contundente.
En esta línea yo quisiera resaltar también los derechos a la igualdad en términos de la vida familiar. Hay un decreto, el Decreto 2820 de 1974, bajo el gobierno liberal de Alfonso López Michelsen. Este decreto posibilita la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer. Además, se establece el derecho al divorcio, que las mujeres reivindicaban de manera bastante insistente para poder resolver situaciones, sobre todo de violencia y de explotación en la vida familiar. Por supuesto, este divorcio se aprueba para el matrimonio civil, fundamentalmente. El divorcio para los matrimonios católicos no rige.
También destaco la década internacional de la mujer, entre 1975 y 1985, que fue un proceso que se difundió ampliamente gracias a la movilización de las mujeres a nivel global. Un momento clave fue la Conferencia Internacional de las Mujeres en 1975, promovida por la Organización de las Naciones Unidas. Su lema era igualdad, desarrollo y paz, y allí se pusieron de presente —no únicamente, pero principalmente— las condiciones de explotación de las mujeres campesinas. Vienen luego, por supuesto, derechos más específicos que se hacen explícitos a raíz de estas conferencias internacionales, como el derecho a una vida libre de violencia, de violencias de todo orden.
¿Qué reflexiones le genera que, incluso hoy, las mujeres sigan conquistando nuevos derechos, como el reciente reconocimiento a las mujeres buscadoras o la llegada de la primera mujer a la Defensoría del Pueblo?
Me parece que en Colombia la política de paz, especialmente después de 2016 y también sus antecedentes inmediatos, realmente ha transformado la conciencia colectiva. Después de la degradación del conflicto en los años ochenta y noventa, las mujeres de sectores populares —y también de otros sectores— se movilizan para buscar a sus hijos y esposos desaparecidos. En ese sentido, la política de paz ha tenido que interactuar con estas mujeres que reivindican sus derechos a la memoria y a la verdad. Esto me parece que ha marcado profundamente a la sociedad contemporánea.
Tenemos el papel tan crucial de las mujeres de distintas regiones del país. Por ejemplo, el de las Madres de Soacha ha sido clave para construir un colectivo de solidaridades frente a la desaparición forzada y a los crímenes de Estado. Ni qué hablar de los procesos de memoria en un municipio como Granada, en Antioquia. Granada es uno de los lugares donde la desaparición forzada ha sido sumamente notable y donde la organización de las madres, de las mujeres —que incluso podríamos decirlo con claridad— está conformada en buena parte por mujeres afrocolombianas y también por mujeres indígenas.
Ellas han construido toda una estrategia para hacerse visibles, para hacerse reconocer, para que se conozca su dolor y, además, para dignificar a los muertos, a los desaparecidos. Es sumamente importante tenerlo presente como una de las reivindicaciones más contemporáneas.
Después de este recorrido histórico, ¿qué reflexión le genera lo que han logrado las mujeres hasta hoy?
Los derechos de las mujeres, en realidad, son derechos que están en cuestión permanentemente. Ante el avance de las concepciones antiderechos, observamos que hay un peligro que se cierne sobre ciertos derechos de las mujeres que ya han sido logrados.
También quisiera destacar que las mujeres no somos un sector social homogéneo. Es un sector heterogéneo, y eso se refleja políticamente de manera muy clara, en el sentido de que hay sectores femeninos que son abiertamente antiderechos. Concretamente, en el momento actual, la cuestión de los derechos sexuales y reproductivos está siendo puesta en duda por algunos sectores.
También está el negacionismo. Eso lo estamos viviendo de manera muy clara cuando se pretende —porque es apenas una pretensión— desprestigiar a las mujeres que están reivindicando sus derechos a la verdad, a la justicia y a la reparación.
El mundo contemporáneo es bastante contradictorio en ese sentido. Hemos logrado cierto bienestar material y también hemos puesto sobre la mesa cuestiones que son fuente de mucho malestar y de mucho dolor, que impactan la vida de las mujeres. Pero, al mismo tiempo, hay un movimiento sumamente potente de antiderechos. Por eso creo que no es el optimismo lo que nos puede orientar en este momento.
FUENTE: EL ESPECTADOR












