marzo 4, 2026
Colombia reportó el mayor número de asesinatos de mujeres lesbianas, bisexuales y trans en América Latina

El reporte regional indica que el país registra más de la mitad de crímenes contra mujeres LBT documentados en nueve naciones latinoamericanas, lo que señala un patrón de agresiones en lugares de acceso público
Entre 2022 y 2025, Colombia se consolidó como el país con más casos documentados de asesinatos de mujeres lesbianas, bisexuales y trans (LBT) en una investigación de la Red Sin Violencia Lgbtiq+.
El informe, basado en datos recopilados en nueve países de América Latina, destaca que Colombia concentra el mayor número de asesinatos de mujeres LBTy que la mayoría de estos crímenes ocurre en espacios públicos.
De acuerdo con la Red Sin Violencia Lgbtiq+, en el lapso mencionado se documentaron 137 asesinatos de mujeres LBQ en países como Colombia, Honduras, México, Guatemala, República Dominicana, Nicaragua, Ecuador, Bolivia y Perú. De ese total, Colombia reportó al menos 68 casos, un número que supera ampliamente al de cualquier otro país de la región.
El registro se construyó a partir del trabajo de organizaciones sociales y comunitarias, así como del monitoreo de noticias locales, lo que evidencia tanto la gravedad del fenómeno como las limitaciones de los sistemas estatales para registrar y visibilizar estos crímenes.

Espacios públicos y mensajes de violencia
Los asesinatos de Luisa Fernanda Parra, Sara Millerey y Emy Britto ilustran el patrón recurrente. Las tres fueron asesinadas en lugares públicos y a la vista de otras personas, lo que, según la investigadora Paula Spagnoletti de la Red Sin Violencia, revela una violencia que busca enviar un mensaje de castigo y control social.
“Muchas veces los cuerpos son abandonados en espacios públicos, arrojados a ríos o dejados a la vista, lo que muestra una violencia que busca enviar un mensaje”, declaró Spagnoletti al El Espectador.
El caso de Sara Millerey generó conmoción nacional e internacional. El 7 de abril de 2025, la joven trans de 32 años fue atacada con extrema brutalidad en Bello, Antioquia. Sus agresores la arrojaron herida a un río, y la escena fue grabada y viralizada en redes sociales. Nadie intervino para ayudarla.
El informe describe que la exposición de estos crímenes en el espacio público tiene como objetivo generar temor entre quienes decidan visibilizar su orientación sexual o identidad de género.

Violencia por prejuicio y brutalidad sistemática
Según la Red Sin Violencia Lgbtiq+, estos homicidios no solo comparten el espacio donde ocurren, también el ensañamiento y el uso de la violencia como herramienta disciplinadora.
Spagnoletti afirmó que se trata de “violencia por prejuicio”, impulsada por el rechazo social hacia mujeres que no encajan en la norma heterosexual y cisgénero. El informe documenta patrones de violencia sexual, tortura y golpes concentrados en partes específicas del cuerpo, lo que apunta a un intento de borrar la identidad de las víctimas.
En palabras de la experta, “vemos altos niveles de brutalidad y ensañamiento sobre los cuerpos, con lesiones repetidas y concentradas en partes específicas, lo que habla de un intento de borrar la identidad de estas mujeres”. En algunos casos, la violencia se extiende después de la muerte, cuando los cuerpos son abandonados o expuestos en lugares públicos.
Autonomía afectiva bajo ataque
La libertad de decidir con quién vincularse emocional y sexualmente aparece como un detonante de la violencia. El asesinato de Luisa Fernanda Parra, mujer trans y lesbiana de 19 años, ocurrió cuando caminaba de la mano con su novia por una calle de Bogotá.

Dos hombres en motocicleta se acercaron y le dispararon sin que existiera un intento de robo o forcejeo, según el relato de su pareja recogido por El Espectador. Organizaciones sociales documentaron casos en los que los agresores son exparejas masculinas o personas vinculadas a relaciones previas, lo que refuerza la hipótesis de castigo por la autonomía afectiva.
El caso de Emy Britto, asesinada el 16 de junio de 2025 en un establecimiento comercial de Riohacha, también se asocia a su visibilidad como mujer lesbiana. Fue atacada a plena luz del día, en un lugar concurrido, por dos hombres en motocicleta. El hecho generó conmoción en la comunidad y profundizó la percepción de desprotección de las mujeres diversas.
Subregistro, impunidad y vacíos institucionales
El informe de la Red Sin Violencia Lgbtiq+ subraya que las cifras reales podrían ser mucho mayores, debido a la escasez de registros oficiales y la falta de mecanismos estatales adecuados para clasificar estos crímenes.
“En muchos países no hay fuentes oficiales y, cuando existen, muchas veces son incompletas o difíciles de consultar”, explicó Paula Spagnoletti. Un 40 % de los homicidios analizados no consigna ni siquiera el medio utilizado, lo que evidencia falencias en la investigación y en la documentación judicial.

La impunidad es otro factor crítico. De los 137 asesinatos documentados, solo dos llegaron a una condena. “La impunidad también se da cuando los procesos avanzan sin tener en cuenta la orientación sexual de las víctimas ni una mirada desde la diversidad”, lamentó la investigadora en diálogo con el medio citado.
El desafío de la visibilidad
Según la Red Sin Violencia Lgbtiq+, la concentración de casos en Colombia no necesariamente implica que la violencia sea mayor que en otros países, sino que podría responder a un mayor seguimiento y documentación por parte de organizaciones sociales. En otras naciones, los asesinatos de mujeres LBT quedan en el silencio o no se registran debidamente.
El estudio concluye que los asesinatos de mujeres lesbianas, bisexuales y queer deben ser reconocidos como una forma específica de violencia de género, caracterizada por su ocurrencia en espacios públicos y su intención disciplinadora.
FUENTE: INFOBAE












