octubre 21, 2026
Las cinco mujeres verracas que reconstruyen el país
Ese es el valor real de las mujeres colombianas: no necesitan el reflector para actuar.
No es casualidad. Cuando la naturaleza golpea a Colombia, son las mujeres las que se ponen al frente. Este año lo he visto de cerca, entre terremotos e incendios, y hoy quiero nombrarlas: cinco mujeres que han sostenido al país, cada una desde su territorio.
Nubia Carolina Córdoba, gobernadora del Chocó, empezó recorriendo pueblo por pueblo los territorios más golpeados, liderando censos y balances con sus propias manos. Hoy, semanas después, exige algo más ambicioso: que la reconstrucción no devuelva al Chocó a lo que era, sino que cierre las brechas históricas que arrastraba desde antes de la tragedia. Pidió transparencia, pidió cien frentes de obra trabajando al tiempo en lugar de uno solo, y esta semana logró sentar en la misma mesa al Gobierno Nacional y a los principales empresarios del país para firmar un plan que promete transformar, no solo reparar.
Dilian Francisca Toro, gobernadora del Valle del Cauca, arrancó con el rescate de sobrevivientes bajo los escombros y el censo casa por casa de las viviendas, colegios y hospitales caídos. De ahí pasó a tocar puertas en Europa para conseguir cooperación internacional, y hoy ya está reconstruyendo miles de viviendas y colegios, sin dejar de lado algo que pocos nombran en medio de una tragedia: el acompañamiento psicológico a las víctimas y los cupos educativos para que los jóvenes del Valle no pierdan su futuro.
Adriana Magali Matiz, gobernadora del Tolima, viene de otra batalla, pero igual de exigente. Empezó con alertas preventivas frente al fenómeno de El Niño; hoy enfrenta decenas de miles de hectáreas en llamas, muchas de ellas provocadas deliberadamente, y no ha dudado en pedir refuerzo militar y ofrecer recompensas para perseguir a los responsables. Una mujer que pasó de anticiparse a la crisis a plantarle cara con toda la fuerza del Estado.
Y a nivel nacional, Ana Lucía Pineda, primera dama de la nación, y Tatiana Céspedes, esposa del vicepresidente, han sostenido la coordinación de la ayuda humanitaria: más de treinta puntos de recolección en todo el país, toneladas de alimentos y suministros movilizados, y visitas directas a las zonas más golpeadas, entre ellas el Chocó, para verificar de cerca lo que hace falta.
Más allá de la ayuda humanitaria de emergencia, lo que necesitamos es generar ingresos reales para que estas familias puedan quedarse en el campo y vivir con dignidad.
Cinco mujeres, cinco frentes, un mismo temple. Y no están solas: a su lado se ha movido un ejército silencioso de mujeres líderes gremiales, empresarias y de organizaciones sociales que, sin figurar en portada, han puesto recursos, tiempo y corazón para que la ayuda llegue. Ese es el valor real de las mujeres colombianas: no necesitan el reflector para actuar, actúan porque es lo que toca.
Yo también soy mujer y llevo años dedicada a impulsar los emprendimientos de mujeres rurales en Colombia, desde la Corporación Colombia Internacional. Hemos trabajado en los departamentos del país y en más de 770 municipios, y hoy nuestro foco puntual está justo en las geografías que más lo necesitan: acompañamos 96 asociaciones en el Valle del Cauca, 166 en el Chocó, 34 en el Eje Cafetero y 163 en el Tolima.
Eso representa cerca de 13.300 familias, y no hablo de cifras genéricas: tenemos nombre y cédula de cada una de las mujeres que conforman estas asociaciones. Por eso decidimos que la única manera de generar un impacto real era llegar de asociación en asociación, directamente. Gracias a donaciones, aportes y trabajo conjunto, ya estamos viendo transformaciones inmediatas en sus vidas.
Hoy lo que más quiero es llevar este modelo a la política pública del país, para trabajar de la mano con el Gobierno. Nuestra naturaleza mixta –público-privada– nos permite tener indicadores de impacto inmediatos, de esos que se conocen como “mangos bajitos”: rápidos de alcanzar y capaces de generar transformaciones medibles. Porque, más allá de la ayuda humanitaria de emergencia, lo que necesitamos es generar ingresos reales para que estas familias puedan quedarse en el campo y vivir con dignidad.
Colombia está de pie gracias a mujeres que no se quedaron quietas. Gobernadoras que no durmieron, primeras damas que se remangaron, gremialistas y empresarias que aportaron sin que nadie se los pidiera, y miles de mujeres rurales que, aun perdiéndolo todo, siguen sembrando. De esta crisis también saldrá una oportunidad, porque así somos los colombianos: no paramos, no nos cansamos, y cuando la naturaleza golpea, son casi siempre las mujeres las que sostienen todo lo demás.
CEO, Corporación Colombia Internacional (CCI) Capitana Mujer Rural, Women in Connection (WIC)
FUENTE: EL TIEMPO












