octubre 19, 2026
Parir lejos del hospital: las parteras indígenas enfrentan barreras en la salud pública de Paraguay

La partería indígena es la práctica ancestral de acompañar a una mujer durante el embarazo, el parto y el puerperio. Esta no solo es parte de su cultura, sino una forma de cuidar y salvar vidas ante la ausencia del Estado en regiones remotas de Latinoamérica. Para los pueblos indígenas de Paraguay, como de otros países de la región, existen muchas barreras para acceder a una atención médica, como el idioma, las distancias, la falta de medicamentos y la violencia que sufren en los hospitales. Algunas parteras indígenas comparten su experiencia con EL PAÍS.
Ysapy cuenta que se convirtió en partera a los 10 años. Un día estaban jugando en el recreo con sus compañeras y una de ellas empezó a tener dolores en el vientre y ya no se podía levantar. Ysapy se acercó a su barriga y escuchó el sonido del bebé. Entre las niñas, ella fue la única que entendió qué le estaba sucediendo. Antes de eso, había participado en partos de su madre.
La llevó a una habitación, cerró la puerta, las ventanas y recibió al bebé. Con un trapo que encontró en la mesa de su profesor, tapó a la madre y al recién nacido y los acompañó hasta su casa. Su compañera tenía alrededor de 14 años.
Esta partera tiene hoy 38 años de experiencia y ya ha acompañado 150 partos en su comunidad Fortuna, del pueblo ava guaraní. También la llaman desde Asunción o cruza la frontera con Brasil, en el estado de Mato Grosso del Sur, donde tiene varias comadres, como nombra a cada una de las mujeres que acompaña.
Ella dice que no es que quiera ser partera, si no que Dios le dio esa experiencia. Desde pequeña buscaba sentarse con las ancianas para aprender sobre sus saberes y le decían que ella es el espíritu de su abuela, quien también fue partera.
La partería indígena, tanto para el pueblo ava guaraní como para otros, no solo es una técnica reproductiva, sino “una institución cultural y espiritual”. Implica un cuidado comunitario.
Ysapy explica que, cuando una mujer se entera de que está embarazada, ella se reúne con la pareja y los líderes de la comunidad en el templo para presentarse como su partera. A partir de allí, la acompaña con afecto y seguridad. Durante todo el embarazo le da los masajes tradicionales, llamados jepichy, y le enseña qué pohã ñana (“plantas medicinales” en guaraní) consumir para un bebé y un parto saludables.
El rezo y el canto ancestral también son fundamentales en este proceso de vida. Por eso el pueblo ava guaraní tiene una canción para la mujer durante el parto que dice: guyra’i pepo hovy, ne pepore ko che aju (pajarito de alas azules, sobre tus alas yo vengo). La partera cuenta que su papá acompañaba los partos cantando la canción desde fuera de la casa.
“Nosotras como servidoras de la comunidad no tenemos hora. No tenemos días. No hay precio. Cuando te llaman, vos tenés que estar ahí, (con) lluvia, el sol, la noche. Vos tenés que levantarte cuando te llamen. Nuestro servicio es 24 horas”, reconoce.
Una partera para toda la comunidad
Petrona Pereira es del pueblo mbya guaraní, otro de los 19 pueblos indígenas que existen en Paraguay y el que tiene la mayor población. Al igual que Ysapy, se inició en la partería desde muy niña, a los 8 años. Ha acompañado el nacimiento de 2.701 niños y niñas en diferentes partes del país. En todos estos años, no ha muerto ni una sola madre y ni un solo bebé con ella.
Su abuelo le transmitió los saberes que hoy ella cuida. Aprendió acompañándolo y viendo su trabajo, ella se encargaba de cocinar y pasarle las plantas medicinales que le pedía. Tiene remedios naturales para todo: para el dolor de cabeza, de pulmón, de rodilla…
En su comunidad, Ára Yvoty, no hay otra partera. Pero tiene esperanzas en su nieta de 9 años. Le muestra qué hay que hacer y la ve interesada.
Existe un centro de salud no tan lejos de la comunidad, ubicada en el departamento de Caaguazú, pero no quieren ir, cuenta Petrona. Ella denuncia que no hay medicamentos, ni estudios, y que tienen que pagar por todo. “Te dan la receta, comprás y te vas otra vez a tu casa. No hay nada”, lamenta. Ir al hospital es ir en vano.
La falta de medicamentos y los altos costos que conlleva comprarlos es una de las dificultades que enfrentan los pueblos originarios de Paraguay al ir hasta un hospital. Un estudio publicado en 2025 documenta que existe una preferencia generalizada por los partos domiciliarios. Además, las parteras indígenas son quienes realizan el trabajo de atención prenatal en un 38,51 % de las comunidades consultadas.
Violencia institucional y obstétrica
Ocurre lo mismo en la comunidad de Ysapy, las mujeres no quieren ir al hospital. En los centros médicos no reciben una atención respetuosa. “Tienen miedo del viento porque allá en la sala de parto de los blancos, de ustedes, hay aire y antes había ventilador y eso es peligroso”, explica. En su tradición, durante el parto cuidan que el viento no entre al útero de la mujer, ni al ombligo del bebé para no tener “ojeo”, una creencia popular que hace daño a quien lo padece.
“Tenemos vergüenza de ustedes. Primero el color de piel y segundo nuestra cultura”, continúa. Ysapy detalla que entre mujeres indígenas se entienden mejor, por hablar el mismo idioma y tener las mismas costumbres.
Para las mujeres indígenas, las situaciones de violencia obstétrica también son comunes. “Más aún cuando la embarazada es joven, los malos tratos suelen recrudecer(se) y los cuestionamientos extenderse a la familia o la partera que acompaña”, resaltan en el pronunciamiento que difundieron diferentes organizaciones por el Día Internacional de las Mujeres Indígenas, el pasado 5 de septiembre.
Muchas denuncian que además las someten a prácticas que vulneran su intimidad, las hacen caminar en soledad, les prohíben posturas tradicionales de parto o impiden el acompañamiento que brindan las parteras indígenas.
La población indígena en Paraguay representa aproximadamente el 2,3 % de la población total. Sin embargo, 1 de cada 10 muertes maternas registradas corresponden a mujeres y adolescentes indígenas, según datos de 2020.
Las mujeres indígenas tienen un mayor riesgo de mortalidad materna en comparación a otras poblaciones. La mortalidad materna es 5 veces más alta en poblaciones indígenas, en comparación a mujeres no indígenas, según datos del Censo Indígena 2022 analizados por la investigadora Verónica Serafini.
Salud reproductiva
El trabajo de las parteras no inicia con el embarazo. Son guardianas de todo el ciclo reproductivo de sus comunidades. Están presentes durante la primera menstruación, cuando una mujer decide ser madre, o incluso cuando ya no quiere más hijos.
Mujeres lideresas y organizaciones indígenas han hablado sobre el embarazo de niñas y adolescentes en sus comunidades. En Paraguay existe la idea de que esto es parte de “su cultura” y su “derecho consuetudinario”. Sin embargo, ellas trabajan por desmitificar esta creencia.
Si una niña es madre, pierde su niñez, parte de su autodeterminación, explica Bernarda Pessoa, lideresa del pueblo Qom, durante el encuentro Semana de las Mujeres Indígenas, un espacio gestado por organizaciones de mujeres indígenas de diversos pueblos para compartir sus saberes.
En el manifiesto posterior, el colectivo de mujeres expresó que el sistema no llega para evitar el embarazo temprano en las comunidades indígenas y exigieron políticas públicas para ello.
Las parteras indígenas quieren un reconocimiento formal del Estado y poder acompañar a las mujeres en el hospital. Buscan que la atención intercultural sea una realidad, con un trabajo en conjunto.
Sin eso, hoy son ellas quienes principalmente cuidan la salud de las mujeres, niñas y niños en sus comunidades, son las protectoras de la vida. Ysapy lo dice claramente: “protegemos la naturaleza, la medicina, la familia y el territorio”.
FUENTE: EL PAIS












