septiembre 28, 2026
Miriam Miranda: “No existe una voluntad de luchar contra el narcotráfico, sino de apoderarse de los recursos de los pueblos”

| El mundo retrocede, se retuerce, se recrudece. América Latina puede ser la selva que oxigene al mundo o el río que lleve la droga para la anestesia global y el castigo a los que acorrala para que se vayan y deporta para que no tengan salida. La versión optimista ya no tiene revoluciones y casi ningún partido que ilusione. ¿Qué soñamos? Es la pregunta. Hay pocas respuestas. Pocas, pero no ninguna. Hay una que tiene nombre colectivo: el pueblo garífuna; una ubicación: Honduras y una protagonista: Miriam Miranda. La estrella ya no en la gorra, sino en el cielo, en la tierra y en el suelo es ella. Una estrella, aunque no fugaz. Miriam Miranda lleva adelante un liderazgo casi único en América Latina, menos conocido que el de otras mujeres, porque rechaza viajes al primer mundo y elige quedarse en territorio, deja pasar premios si los ancestros no se lo aconsejan y soporta amenazas con protección comunitaria y una valentía, literalmente, a prueba de balas. Sufrió atentados, secuestros y balaceras. Enfrentó al narcotráfico, a los gobiernos de izquierda y de derecha, a la criminalización y a las campañas de desprestigio en redes sociales. Ahora encabeza el campamento “Viva Berta”, en homenaje a Berta Cáceres, la feminista lenca asesinada el 3 de marzo del 2016 y la amiga de Miriam, con la que compartían miedos, sentimientos, estrategias y luchas. La protesta comenzó el 9 de julio del 2026 y está asentada frente a la Corte Suprema de Justicia (CSJ), en Tegucigalpa, contra la criminalización por el delito de usurpación de cinco integrantes de la Organización Fraternal Negra de Honduras (OFRANEH): Deinor Mejía, Irbin López, Carlos Fernández, Onil Hernández y Sara Acosta, detenidas en el desalojo de la comunidad, el 6 de julio de 2026, en San Juan, Tela. Miriam es la coordinadora de la OFRANEH y cabeza de algo mucho más grande: la resistencia más tenaz contra el gobierno de Nasry Asfura, apoyado explícitamente por Donald Trump, donde la asimilación de campesinos y terrorismo se puso en práctica con matanzas, detenciones y criminalización. Plantarse frente a la justicia es un modo de defender las plantaciones de coco frente a las mafias de la coca. La ultraderecha actúa a nivel regional y la acción de Miriam es con los pies en su territorio, pero, a la vez, un espejo a donde levantar la mirada para los feminismos de América Latina. Y es, también, una defensora de la institucionalidad en tiempos de ruptura democrática con el respaldo de cuatro sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) a favor de su derecho a la tierra en Honduras. Miriam fue secuestrada, atacada y amenazada. Sigue viva y aprovecha cada segundo vital: se ocupa de ver el menú del día, el punto de los fideos cuando se sacan de la olla, busca la maestra que hay que contratar para los niños, organiza los plátanos de un campamento a otro, piensa la casa de quién hay que construir en Vallecito y revisa si el árbol que se tira con hacha no se podía salvar. Defiende la raíz. Es una líder natural. Lo que diferencia a Miriam de otros liderazgos es que hace lo que dice; lo que la diferencia de otras pensadoras es que pone en práctica lo que pregona; lo que la diferencia de otros hombres es que no usa el poder para abusar, sino que reparte las ganancias y soporta los costos de las balas que son literales en el caso de su cuerpo y sus casas; lo que la diferencia de ideas superadas es que su transformación es real y es aquí y ahora. La revolución se presenta palpable, potente y práctica. Pregunta: Si Donald Trump dijo que su objetivo es combatir al narcotráfico y apoya al gobierno de Asfura en Honduras, ¿por qué criminalizan a la comunidad garífuna que logró correr al narcotráfico de las tierras? Respuesta: La guerra contra las drogas es totalmente hipócrita. Si realmente Trump quisiera combatir las drogas y el narcotráfico, lo haría desde Estados Unidos. ¿Dónde se producen las peores drogas? No existe realmente una clara voluntad de luchar contra el narcotráfico; lo que existe es una voluntad de apoderarse de los bienes, de los recursos y de los territorios de los pueblos. Las guerras vienen para apoderarse de la tierra, del agua y del subsuelo. Es trágico porque nuestros pueblos son los que pagan. P: ¿Qué hay detrás de los conflictos en los territorios en donde se planta palma aceitera? R: La palma aceitera y los proyectos hidroeléctricos son lavaderos. Los narcotraficantes no ponen la cara y algunos están utilizando la palma aceitera para desplazar comunidades. El narcotráfico es un cáncer y lo más grave es que se come la institucionalidad de los países. P: Trump amenazó con que se iba a desatar “un infierno en Honduras” si no asumía Nasry Asfura como presidente. ¿Ahora se desató un infierno contra las comunidades? R: La verdad es que quedó el candidato de Trump. Él dio la orden para que quedara “Papi a la orden”, como llaman a Tito Asfura. La OFRANEH cuenta con sentencias que respaldan nuestro derecho a la tierra de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y este gobierno tiene que respetar estas sentencias porque sigue formando parte de la OEA y del sistema internacional. P: ¿Cómo es llevar adelante una protesta con la multilateralidad y el sistema democrático en crisis? R: En este escenario vemos que el sistema internacional está destruido y que el gobierno es destructor. Nunca en los últimos años estuvieron tan en peligro los derechos humanos a nivel internacional. No son perfectos. Eso está clarito. Pero a partir de lo que está haciendo Estados Unidos, cualquier gobierno va a decir: “Borremos la palabra derechos humanos del planeta”. Y hacia ahí van muchos de los gobiernos latinoamericanos. Eso es muy, muy peligroso. |
FUENTE: EL PAIS












