abril 10, 2026
«Me fui para poder estudiar», la historia de Hamida Hadafmand, la joven afgana obligada a exiliarse para ir a la universidad

Hamida Hadafmand tenía plaza en la Universidad Politécnica de Kabul para estudiar Ingeniería Informática, pero la decisión del régimen talibán de prohibir el acceso de las mujeres a la educación superior la dejó fuera de las aulas antes siquiera de empezar. Hoy, con 21 años, tras verse obligada a abandonar su país, estudia Ingeniería Informática en Portugal. Su historia refleja la de millones de afganas privadas de derechos fundamentales en un sistema de exclusión que organismos internacionales ya definen como apartheid de género.
«Fui a hacer la matrícula y, justo después, el gobierno que controla Afganistán anunció que las jóvenes que estudiaban en la universidad ya no podían asistir», recuerda la estudiante afgana Hamida Hadafmand durante una entrevista con Efeminista.
En diciembre de 2022, los talibanes vetaron oficialmente el acceso de las mujeres a la universidad, cerrando por completo las puertas de la educación superior y consolidando una política de exclusión iniciada tras su regreso al poder en 2021.
Ese anuncio marcó el inicio del exilio de Hamida, que dejó Afganistán en noviembre de 2023 empujada por la imposibilidad de continuar sus estudios. Hoy tiene 21 años y vive en Portugal, donde cursa Ingeniería Informática en el Instituto Politécnico de Bragança gracias a una beca de la organización Nexus 3.0.
«En Afganistán no podemos acceder a la educación superior»
«Me fui simplemente para poder estudiar, porque la situación de las mujeres y las niñas en Afganistán es muy complicada y no teníamos la oportunidad de acceder a la educación superior», explica.
Llegó después de buscar oportunidades «por distintos países de Europa, América e incluso Asia» y de presentar más de diez solicitudes. Fue una de las 25 personas seleccionadas de un total de 1.500 solicitudes.
Su historia se repite en millones de vidas. Desde el regreso de los talibanes al poder en agosto de 2021, Afganistán se ha convertido en el único país del mundo donde las niñas tienen prohibido estudiar más allá de sexto de primaria. Más de 2,2 millones han quedado fuera del sistema educativo, una exclusión prolongada durante años que Naciones Unidas considera una vulneración grave de derechos fundamentales.
Hamida Hadafmand cuenta que logró terminar la secundaria en circunstancias excepcionales. «Estaba en el último curso cuando llegaron los talibanes. Nos permitieron terminar, pero no hicimos examen final, nos graduaron con las notas de años anteriores. Fue una graduación muy difícil», rememora.
Aquella concesión temporal no se tradujo en continuidad, ya que la universidad quedó cerrada para ella y para todas.
Mientras esta joven estudiante continúa su formación en Europa, su familia permanece en Kabul. Su hermana, de 16 años, es una de las millones de niñas cuya educación se ha interrumpido.
«Estudió hasta octavo curso y después le prohibieron seguir. Está muy triste y muy preocupada por su futuro», dice, y lamenta que «millones de niñas en Afganistán no saben qué pasará mañana ni qué tipo de futuro tendrán».

Hamida Hadafmand, estudiante afgana de Ingeniería Informática en Portugal, durante una entrevista con Efeminista en Laroin, Francia. EFE/Laura de Grado
«La existencia de las mujeres en Afganistán ha sido eliminada»
Pero la educación es solo una parte del problema. En estos casi cinco años, los talibanes han impuesto medidas que excluyen sistemáticamente a las mujeres de la vida pública: han prohibido la educación secundaria y universitaria, limitado su acceso al empleo -incluido en ONG y organismos internacionales-, restringido su movilidad sin tutor masculino y prohibido su presencia y voz en espacios públicos. También han impuesto normas estrictas de vestimenta y segregación.
A este sistema de restricciones se suma el endurecimiento del marco legal con la aprobación del nuevo código penal talibán, que, según denuncian organizaciones internacionales, institucionaliza y legitima la violencia contra las mujeres y dificultan aún más el acceso a la justicia.
En este contexto, más de 10,7 millones de mujeres y niñas ya necesitaban asistencia humanitaria antes incluso del agravamiento reciente de la crisis, según ONU Mujeres.
«Las niñas están privadas de todo, de la vida pública, de decidir sobre sus vidas«, explica, y añade que «han aumentado mucho los matrimonios forzados y los matrimonios infantiles, porque al no poder ir a la escuela, muchas familias las obligan a casarse a edades tempranas».
En una encuesta realizada en febrero de 2024 a 2.799 mujeres en once provincias afganas, el 70 % afirmó conocer al menos a una niña casada siendo menor de edad, y en regiones como Daykundi, Farah o Nangarhar, la cifra supera el 80 %, según la investigación de Bishnaw-Wawra, iniciativa de la entidad local Organization For Policy Research and Development Studies (DROPS).
«El sistema que está en marcha en Afganistán lo llamamos apartheid de género porque la existencia de las mujeres en Afganistán ha sido eliminada. No pueden ir a la escuela, no pueden ir a la universidad, no pueden hablar en público. Eso significa que, por su género, por ser mujeres, no tienen ningún derecho a progresar, a tener un buen futuro ni a vivir plenamente en este mundo», señala la joven.
Denunciar la situación de las mujeres afganas a través de la fotografía
Esa idea de futuro truncado es la que ha llevado a Hamida a convertir su historia en imágenes. Recientemente participó en el proyecto europeo Perspektivo: Photography with purpose, un curso de formación financiado por Erasmus+ y desarrollado por la asociación francesa Rakonto, que reunió a una veintena de jóvenes de distintos países en una residencia artística en Laroin, al sur de Francia.
Como resultado, presentó su trabajo en una exposición colectiva con el proyecto La historia de las niñas afganas bajo el apartheid de género, una serie de fotografías que retratan la ausencia de educación, la invisibilización de las mujeres y la resistencia silenciosa de quienes siguen queriendo aprender.
«Participar en este proyecto ha sido una gran oportunidad para compartir la historia de millones de niñas en Afganistán y hablar de los desafíos a los que se enfrentan en pleno siglo XXI, donde no tienen acceso a la educación, que es un derecho fundamental de todo ser humano», explica la joven.
Cuando habla de Afganistán, Hamida cambia de la primera persona al plural y su historia enseguida deja de ser solo suya.
El proceso creativo, cuenta, estuvo marcado por la carga emocional. «Durante la creación de las fotografías, cuando representaba esas escenas leyendo o tumbada sobre los libros, fue bastante triste para mí, porque pensaba en los millones de niñas que siguen en Afganistán viviendo esta situación«, confiesa.
Fotografía de la serie ‘La historia de las niñas afganas bajo el apartheid de género’, de Hamida Hadafmand. Foto cedida por Rakonto para uso editorial/Hamida Hadafmand
La educación de las mujeres, clave para construir un mundo mejor
Y defiende que la educación no es solo un derecho individual, sino una cuestión estructural.
«Es muy importante que las mujeres y las niñas tengan acceso a la educación en todo el mundo. Si una mujer está educada, significa que una sociedad y un país están educados. Es una fuente de mejora para el futuro y para construir un mundo mejor», reivindica.
Aunque ahora ha podido retomar sus estudios, no se desconecta de la realidad de su país. Asegura que está disfrutando esta etapa, pero reconoce que a menudo piensa en «las niñas a las que se les ha negado su derecho a la educación» y en las amigas y compañeras que siguen en Kabul.
De cara al futuro, Hamida tiene claro su camino: terminar el grado que actualmente cursa en segundo año y, después, continuar con un máster. Además, sueña con poder contribuir a cambiar la realidad de otras niñas y mujeres a las que se les ha negado el acceso a la educación.
«Si algún día puedo crear programas de becas o impulsar iniciativas de enseñanza online para ellas, sería muy feliz», afirma, con la convicción de quien ha tenido que marcharse para poder aprender y ahora quiere abrir camino a otras.

Hamida Hadafmand, estudiante afgana de Ingeniería Informática en Portugal, durante una entrevista con Efeminista en Laroin, Francia. EFE/Laura de Grado
«No las olvidéis»
Pese a todo, habla desde un lugar que mezcla oportunidad y responsabilidad, y, por eso, aprovecha cada espacio para dar visibilidad a su mensaje.
«Por favor, haced visible esta situación y no dejéis que las niñas afganas se sientan solas. Están muy decepcionadas y muy tristes porque se les ha negado su derecho más básico, que es la educación, y están muy preocupadas por su futuro. Por favor, no las olvidéis y ayudadlas», concluye.
FUENTE: EFEMINISTA












