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febrero 18, 2026

“Nunca imaginé volver a enamorarme”: Gisèle Pelicot, ícono feminista, habló de su nueva vida


Sobrevivió a la violencia sexual que contra ella ejercieron su marido y al menos medio centenar de hombres más. En una conmovedora entrevista con The New York Times, la mujer, de 73 años, cuenta cómo ha transitado el sufrimiento en un caso que conmocionó a Francia y el mundo entero.

El caso de Gisèle Pelicot conmocionó a Francia y el mundo entero. Una cantidad inimaginable de evidencia mostró cómo la persona con la que llevaba casada 50 años la violaba y llevaba hombres para que hicieran lo mismo contra ella mientras la señora Pelicot estaba inconsciente por drogas que su marido le suministraba.

Todos fueron hallados culpables en un juicio que causó revuelo en Francia, no solo por la crueldad de lo ocurrido, sino por la valentía de Gisèle Pelicot, quien tomó la decisión de que su juicio fuera público. “La vergüenza tiene que cambiar de bando”, fue la consigna durante todo este proceso. ¿Por qué ella tendría que ocultarse?

En entrevista con The New York Times, la mujer, hoy de 73 años, contó detalles sobre su vida con Dominique Pelicot, hoy condenado a 20 años y quien empezó a cometer sus crímenes en 2011. Sin embargo, no fue hasta 2020, en plena pandemia, que Gisèle se enteró de todo. La policía encontró las evidencias mientras investigaba al hombre por otro caso: lo habían pillado grabando a mujeres en el baño de un supermercado.

En su charla con la periodista Lulu García-Navarro, Gisèle, como a ella misma le gusta que la llamen, recordó su matrimonio. Contó que se conoció con el señor Pelicot siendo muy jóvenes y que se apresuraron a casarse.

De pequeño, él había sido víctima de violencia sexual, pero su familia, cuenta Gisèle, nunca hizo nada al respecto. Él tampoco fue jamás a terapia.

“Solo conocí a un hombre amable y cariñoso. Lo cual es aterrador”, dijo sobre la vida feliz que logró tener y a cuyos recuerdos se aferra. Según ella, sin eso, lo perdería todo.

En su diálogo con la periodista, describió indicios que volvieron a su memoria durante la investigación contra el señor Pelicot: periodos de sueño inexplicablemente largos, lagunas en su memoria, entre otros.

Los médicos, a los que visitó pese a que el señor Pelicot le decía que “seguramente no era nada”, le dijeron que esos síntomas podrían ser consecuencia de un pequeño derrame cerebral o inicios de alzhéimer.

Las actitudes que con ella tuvo quien era su marido durante todos los años de abusos hoy se pueden ver claramente como manipuladoras y carentes de cualquier tipo de remordimiento. Gisèle cuenta que el señor Pelicot incluso llegó a acompañarla al ginecólogo por las molestias que sufría.

Mientras eso ocurría, su agresor contactaba por internet a hombres del área de Mazan, el pequeño pueblo donde vivían, por medio de una sala de chat llamada “Sin que ella sepa”.

Gisèle Pelicot, por cierto, no recuerda los abusos sexuales que sufrió y afirma que eso, en parte, es lo que la mantiene viva. Por esa razón, se solidariza con las víctimas que recuerdan el abuso, pero no tienen evidencia del delito, lo que probablemente lleva a que cierren los casos: un nuevo sufrimiento.

Luego de que el juicio se hizo público, Gisèle tuvo que ver las imágenes que había como prueba de los delitos en su contra.

“Parecía un saco de papas. No tenía alma, nada. Esa mujer no era yo. Probablemente eso fue lo que me salvó, decirme eso”, señaló en la entrevista.

“Creo que todas las víctimas sienten esta vergüenza. Te sientes sucia, degradada. No tiene nada de humano. Pasé horas en la ducha intentando quitarme esta suciedad, esta mugre que te hace sentir deshumanizada”, añadió.

Combatir esa vergüenza y trabajar por el “colectivo” fue lo que la llamó a salir en público, una decisión que la defensa durante el juicio trató de usar en su contra.

“Vi cómo me miraba la defensa. Me miraban fijamente, como diciendo: ‘¡Se ha atrevido a hacer esto!’. Los acusados ​​también me miraban, desafiantes, con algo en los ojos. Es terrible para la víctima. Me dije a mí misma: ‘Aguanta, querida, vas a llegar hasta el final’. Y aguanté, pero me lo hicieron pagar. Me llamaron cómplice, dijeron que era una mujer que había consentido, que era sospechosa. Intentaron persuadir al tribunal de que: ‘Si está aquí, debe ser responsable de lo ocurrido. Nuestros clientes no son culpables de lo que hicieron’”.

Recuerda que la desafiaron, la humillaron. “Aguanté hasta el final. Se necesita valor. Hay que ser fuerte”, reflexionó mientras también rememoraba con desconcierto que, pese a las evidencias, esos hombres creían que no la habían violado solo porque su marido había “dado permiso”.

En simultáneo, su vida familiar se desmoronaba. Sus tres hijos con Pelicot también sufrieron el proceso, en particular Caroline, que solía ser cercana a su padre y de quien durante la investigación aparecieron fotos dormida en ropa interior que ella dice no reconocer. Por eso no ha habido proceso judicial.

Hoy, Gisèle dice que quiere ir a ver en prisión a su exesposo, pues necesita que él le diga la verdad sobre su hija y otros casos que él aún tiene pendientes, incluyendo un asesinato en los años noventa. También, tiene esperanza de que haya algo de remordimiento, aunque sabe que puede encontrarse con nada.

Asimismo, cree que tiene suerte de seguir con vida. Se mudó a una bella isla y ha vuelto a encontrar el amor: un amigo de unos amigos, que enviudó, y a quien conoció en una fiesta.

“Éramos dos almas destrozadas. Él no sabía mucho de mí, no había leído mucho sobre mi caso en la prensa y, por supuesto, yo me resistía a contarle lo que había vivido. Podría asustarlo pensar: ‘¿Quién es realmente esta mujer?’”.

Aunque pensaron que podría durar poco, las cosas fluyeron y ella confió.

“Fuimos a la ópera a ver ‘Carmen’. Éramos dos adolescentes. Me di mi primer beso el día que vimos ‘Carmen’ y pensé: ‘Sí, quizá haya algo ahí’. Cambió mi vida, de verdad”.

Y añade: “Confío plenamente en él, porque creo que tiene un alma muy hermosa. Podrías decirme: ‘También confiaste en monsieur Pelicot’, pero no creo que tenga esa perversión. No tuvo la misma infancia que monsieur Pelicot. Tuvo una infancia feliz, y conozco a sus hijos, a su familia y a sus amigos, y creo que haremos grandes cosas juntos. Creo que aprovecharemos al máximo estos hermosos años que nos quedan, y espero que duren mucho”.

Cree también que la educación de los niños es fundamental: “Necesitamos educar a nuestros hijos desde muy pequeños. Desconozco qué tipo de educación recibieron estos hombres [sus agresores]. La mayoría tuvo experiencias muy difíciles en la vida; algunos fueron violados. Pero haber sufrido de niño no significa que deba repetirse el mismo patrón”.

FUENTE: EL ESPECTADOR


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