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febrero 3, 2026

Las mujeres wayuu protegen su viento en la transición energética


El camino hacia el séptimo objetivo de desarrollo sostenible (ODS), que pretende el acceso a energía asequible y no contaminante, requiere un proceso amplio e incluyente en territorios complejos, biodiversos y pluriculturales como La Guajira. Para garantizar un avance equitativo, justo y sostenible se deben contemplar los intereses de las entidades, pero también las necesidades de las comunidades locales, la protección del territorio y la cosmovisión wayuu.

La relación cuerpo-territorio es su forma de resistencia

La mujer wayuu es fuente de “toda la existencia de todas las cosas, ella es dueña y creadora del aire, del agua que forma el cuerpo humano, que alimenta, ella es la que transmite el saber ancestral y normatividad de la cultura, la moral”, dice Rafael Segundo Mercado Epieyu, poeta y escritor de Manaure. En sus saberes, la mujer desempeña un papel importante como lideresa del clan y es políticamente activa en la sociedad, por lo que las autoridades femeninas son quienes representan a su pueblo en los espacios públicos.

Como es una cultura matrilineal, o sea que el linaje se define por la madre, es fundamental la presencia de las mujeres y su pensamiento. La relación cuerpo-territorio que ellas tienen considera importante incluir criterios de género y gobernanza comunitaria para proteger la historia, las riquezas culturales, el relacionamiento de las comunidades y el ambiente. Por ejemplo, el viento entendido como un recurso sagrado y espiritual.

Mirar los territorios como cuerpos vivos desde la cosmogonía indígena es reconocer que allí habitan memorias, saberes, dolores, desafíos y sueños individuales y colectivos. Esa relación con el territorio también invita a mirar los cuerpos como cuerpos sociales que están integrados a la red de la vida, desde la noción madre tierra ese poder universal de lo femenino, protector, maternal, uterino y fructífero preserva los linajes y las costumbres.

A partir de esta noción de las mujeres como cuidadoras o protectoras, sería importante reflexionar sobre el dolor corporal que implica la destrucción del territorio, las consecuencias de la expropiación, la desintegración de comunidades indígenas y la pérdida de costumbres ancestrales.

“La mujer wayuu como prolongadora del linaje y depositaria del conocimiento ancestral se ha erigido como sabedora, ceramista, tejedora, artista, comerciante y constructora de paz. Su carácter visionario le ha otorgado victorias notorias que han visibilizado el departamento de La Guajira y dinamizado el círculo sagrado de la vida” dice Vicenta Siosi, una escritora wayuu.

Es importante considerar el feminismo decolonial y las teorías del cuerpo-territorio en la gestión del cambio climático y la transición energética. La protección de los sistemas socioambientales y económicos wayuus podría ofrecer un enfoque más equilibrado y sostenible para la transformación energética.

El liderazgo femenino wayuu en la transición verde se apoya en prácticas y conocimientos culturales profundos, defendiendo ferozmente su legado ancestral y sus derechos en un contexto en el que el poder y el extractivismo continúan impactando a los sobrevivientes de conflictos y a la memoria histórica de Colombia.

La transición energética en La Guajira no debe limitarse a la productividad

El interés en la energía renovable no convencional ha llevado a las empresas a “redescubrir” el territorio wayuu por su potencial eólico y solar. Los vientos en La Guajira son considerados de los mejores en Suramérica. Según el Ministerio de Minas y Energía allí se concentran los mayores vientos alisios que recibe Colombia durante todo el año y, en enero 2022, existían 33 proyectos de energía eólica y 13 de energía solar.

Gracias al potencial del viento en La Guajira, dicho territorio se ha convertido en pieza principal en el Plan Nacional de Energía 2050 del Gobierno Colombiano y los proyectos de energía renovable no convencionales han generado nuevos conflictos por la protección del territorio del pueblo wayuu.

El valor del viento desde la cosmovisión indígena se basa en una categoría espiritual que sustenta sus principios ancestrales, naturaleza y costumbres. Esta connotación no se limita a visiones de tecnologías o mera productividad, sino a una mirada holística que prioriza la conservación de su riqueza histórica y cultural. De este modo, el respeto por los resguardos es vital y los recursos naturales sagrados no deben ser vistos solo desde la tecnología o el capitalismo.

Como lo menciona la doctora en Antropología Social, Delmy Tania Cruz, “nuestra relación hacia con las comunidades indígenas debe ser concebida como “acontecimiento ético” entendido como una irrupción frente a lo ‘otro’ donde la posibilidad de contrato, dominación y poder no tienen cabida, donde existe la acogida comprendida como la corresponsabilidad y la única propuesta viable para mirar el territorio y entonces para mirarnos a nosotras-nosotros-nosotres mismos”.

Teniendo en cuenta que estamos ante una crisis climática que ya empezó a destruir la estabilidad de la vida en el planeta, el valor espiritual de los recursos y el cuidado del ambiente desde las cosmovisiones indígenas es fundamental para la preservación de la vida, el planeta, la calidad de la salud y la garantía de los derechos humanos.

Los procesos que se proponen luego del extractivismo y la minería a cielo, es decir, exploraciones de energías renovables, constituyen uno de los grandes retos de la actualidad. Lo preocupante es que en Colombia, como en muchos otros lugares, la transición energética se ha conceptualizado desde un punto de vista mayoritariamente tecnoeconómico. Todo esto sin pensar en las cosmovisiones indígenas en el departamento de La Guajira.

Es importante recordar que la cosmovisión indígena cuestiona activamente las lógicas de exclusión y apropiación adyacentes a modelos colonizadores y verticales que han desembocado históricamente en extractivismos.

Un cambio que no proponga relacionamientos democráticos con el territorio y sus gentes va directo a profundizar las problemáticas que ya existen. Se requiere entonces un proceso de transición energética justa que piense en categorías como: género, territorio, soberanía, gobernanza y respeto por las comunidades. Es por eso que las mujeres wayuus son fundamentales desde su liderazgo y como protectoras del territorio.

FUENTE: LA SILLA VACIA


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